Madrid

El equipo de Prodie Santé te espera en la luminosa y encantadora capital española

Artículo seguido de una corta entrevista a Leyla Bartet, escritora, periodista y socióloga Peruana-española sobre Madrid y en particular sobre Chueca, el distrito en el que vive actualmente.

A finales del siglo XIX e inicios del XX al calor de los cambios políticos, los movimientos sociales y del desarrollo paulatino de ideologías liberales, los gobernantes españoles decidieron modernizar Madrid, la soleada metrópoli rodeada de montañas y situarla en el contexto europeo como una capital capaz de rivalizar con otras ciudades del continente en belleza arquitectónica. Entonces se construyeron edificios y monumentos importantes como la Opera, el Paseo de Recoletos y del Prado, la Puerta del Sol y construcciones de inspiración Art-nouveau que aún hoy realzan las calles del llamado Barrio Francés que colinda con Chueca. Pero precisamente los avatares políticos y en particular la Guerra Civil (1936-1938) y la instauración de la dictadura franquista dejaron en suspenso el desarrollo de esta zona de la ciudad que empezó un proceso de decadencia y empobrecimiento.

La comunidad LGTBI+ empieza a vivir en el barrio de Chueca justamente por ser una población al margen, perseguida durante la dictadura. En esa época y en los 90 era considerado un lugar peligroso, donde circulaban drogas y delincuentes de todo tipo. El cambio surge en esos años cuando gente de la comunidad decide apostar por el barrio, transformarlo y construir un nuevo espacio diverso y tolerante. La historia contemporánea de este espacio se desarrolla en paralelo a la de Madrid. Los 80 son los años llamados de la Movida, un movimiento contracultural que surge después de la muerte del Dictador Franco durante la transición hacia la democracia en España, período que el cine de Almodóvar ilustró con brillo. Chueca, poco a poco se organiza y expresa sus reivindicaciones sociales y políticas y se crean las primeras asociaciones LGTBI+ de Madrid. Son los primeros años de La manifestación del Orgullo en Madrid (los pioneros la llaman Mani-fiesta) que en 1989 solo reunió unas 150 personas pero que acabaría convirtiéndose en una de las mas grandes del mundo atrayendo a más de un millón y medio de personas cada año. Sin embargo, esta visibilidad también provoca criticas y algunas personas como el escritor y periodista Leopoldo Alas en el documental de 2003 “Chueca, buscando una identidad” se preocupa de lo que implica este proceso de afirmación de la personalidad a través de la sexualidad y se pregunta si no significa una forma de empobrecimiento cultural. En esta óptica, el barrio ya no es un espacio de libertad, sino que se transforma en un getto con un modelo predominante y donde la comunidad se homogeniza y se marginaliza. Sin embargo, Chueca demostró a lo largo de estos años su capacidad de abrirse como espacio de tolerancia y convivencia.

Hoy en día, Chueca se ha transformado notablemente: algunos hablan de gentrificación y otros de un proceso de rejuvenecimiento que lo ha transformado en uno de los barrios mas divertidos de Europa. Sea cual fuere la manera de percibir y entender el proceso y la historia de este lugar, se inscribe dentro de lo que es Madrid. Está vinculado por valores como la solidaridad, la aceptación de la diferencia y cuenta con una población increíblemente sociable y extrovertida que practica una forma de sencillez y de encantadora desenvoltura.

En Madrid llevo cinco años. Antes pasé casi toda mi vida en París y este cambio era muy importante. Pudo haber sido muy difícil. Me importaba residir en un lugar dónde fuera posible palpar la historia de este país. Empecé viviendo en la zona de Palacio entre las bellas plazas de la Villa (Patrimonio de la Unesco) y la Plaza de la Paja, puerta de entrada a la antigua Morería, un barrio de los siglos XVIII y XIX. Ahora vivo en Chueca.

De Madrid me encanta el equilibrio que ha alcanzado entre modernidad y cosmopolitismo por un lado y tradición. La ciudad ha crecido espacial y numéricamente y recibe miles de extranjeros cada año. Ha sabido abrirse a otros estilos de vida sin perder su calor y su color y sin olvidar sus gustos propios. Un buen ejemplo es la gastronomía: en Madrid se puede comer buena comida japonesa, peruana, mexicana o tailandesa pero también se puede encontrar restaurantes tradicionales españoles, siempre repletos de madrileños que no olvidan sus platos regionales. Chueca es, en este sentido un barrio emblemático. Hay miles de restaurantes de todo tipo que corresponden a los perfiles muy diversos de la zona: desde veganos hasta estrellas Michelin. Aquí hay público para todo.

Me gusta precisamente esa diversidad y me gusta saber que si me tropiezo en la calle (y como a muchos, me ha ocurrido) haya más de uno que se me acerque a preguntarme cómo puede ayudarme. La indiferencia que vemos en otras grandes capitales del mundo aquí no tiene lugar. La gente es amistosa y solidaria como pocas.

Aquí se puede hacer lo mismo que en cualquier otra ciudad del continente, pero con mucho más cariño circundante y a un costo económico decididamente menor-.